miércoles, 30 de enero de 2008

Culpable

Tu mano izquierda jugando con el borde del vaso ancho, perdida la cuenta de los whiskys en lo que va de noche, mientras tu derecha sujeta instintivamente el cigarrillo. Vas más maquillada que otras veces. En tus ojos atisbo una sospecha del motivo. Se va llenando de humo el bar. La música hace rato que dejó de importarnos.

Me quedo callado, mirándote, mirando tus ojos, mientras das otra calada al cigarro.

Sin mirarme siquiera, mientras echabas el humo, dijiste:

- ¿Sabes? Esto nunca me había sucedido a mí. Lo veía en otras pero no lo entendía. Pero contigo es la segunda vez que me pasa. Eres un hijo de puta, y lo sabes, aunque no lo puedas evitar...

jueves, 24 de enero de 2008

Do Re Mi....

Continúa como el primer día la misma ilusión. En los abismos escuché unas extrañas palabras, articuladas en un idioma desconocido para mí. Las escuché e intenté repetirlas. Un fracaso. Una y otra vez no lo conseguí. Caí al suelo, cuando las palabras comenzaron a dejar un rastro de luz, intenso, hasta que de repente estallaron, y tras la explosión, se convirtieron en sonidos. Notas musicales. Y me levanté del suelo.

Va ya más de un año con mi saxofón tenor color plateado, y cada vez nos llevamos mejor.



sábado, 12 de enero de 2008

La última noche

En aquel momento comprendí que nunca más te vería. Nunca. Es algo para lo que me he estado preparando, sin conseguirlo, durante demasiado tiempo. Cielos sin luna, sin estrellas, es lo único que veré cada noche...

Esta noche supe que tus ojos estaban más hundidos de lo normal, no te acercaste a mí, no dijiste nada y pasaste todo el tiempo, sintiéndote sola, mirando por la ventana hacia ningún sitio, o hacia nuestro pasado o hacia ese nuestro no-futuro... Antes de que te marchases, supe que no volvería a verte, ni me acariciarías ni me besarías nunca más. Abriste la puerta, me miraste por última vez y sin decir nada, te marchaste acelerando el paso. No te reprocho nada, me gustaría que lo supieses. Creo que has encontrado a alguien. Acabaría sucediendo. Ahora te toca volver a sonreír. Sin mí. Con otro.

Desde aquel día que me trajeron aquí comprendí que lo nuestro no sería para siempre. Para siempre también se ha convertido en una palabra vacía para mí.... A las lagrimas las siguieron la incomprensión, el odio y el olvido. Todas las noches esperaba ansioso tu visita. Torturándome con la idea que un día no volverías más. Que me olvidarías. Me hacía sufrir, pero siempre acababas viniendo después de trabajar. Mañana ya no te veré.

En mi mente te recordaré alegre, con una preciosa sonrisa en tu cara, los dos cogidos de la mano caminando sin importarnos nadie más. No quiero recordarte con lágrimas en los ojos, saliendo rápido de esta maldita habitación de hospital, mientras yo, inmóvil, no puedo detenerte, ni hablarte, ni susurrarte, ni llorarte, ni besarte, enchufado a estas máquinas para toda la eternidad...




sábado, 5 de enero de 2008

Ya vienen los reyes...

Esta noche los niños esperarán impacientes a q vengan los reyes...

Otros en cambio esperarán (esperaremos) que la felicidad no la traigan los reyes, sino más modestos, que la traigan los camellos: regalos para olvidar, para reír, para llorar o para simplemente no sentir otro día más igual que el anterior.

La angustia, mañana por la mañana, envuelta en una falsa sonrisa de candidato político, hará decir y decirse, a pesar de los ojos rojos, los temblores, las nauseas, los sudores fríos, las taquicardias, que también esperaron, sin éxito, que viniesen los reyes.

Pero esa es otra puta mentira tras una noche convertido en un zombie. Nos cansamos de esperar a nadie. Esta noche, buscaremos en cada callejón a un camello para que a cambio de unos billetes nos vende esa falsa alegría que apenas durará unas horas y que tras ese rato, te devolverá a hostias a la puta realidad.

miércoles, 2 de enero de 2008

Ventana sobre las prohibiciones

En la pared de una fonda de Madrid, hay un cartel que dice: Prohibido el cante.

En la del aeropuerto de Río de Janeiro, hay un cartel que dice: Prohibido jugar con los carritos porta-valijas.

O sea; todavía hay gente que canta, todavía hay gente que juega.


Extraído de Las palabras andantes,
de Eduardo Galeano.