Otro viaje al mercado de los sueños. Esta vez no era un supermercado, gris y frío. Era en plena calle. Un mercadillo, vistosos colores. Griterío. Bullicio...
Esta noche no kería comprar palabras que permitan dormir como en mi ultima visita, que permitan mirarte sin que mi mirada se pierda en el vacío. Había ido a comprar un sueño. Me sorprendí vestido de gris. Nunca visto de gris. Pero allí todo el mundo vestía de gris. Sólo en los tenderetes se veían colores, los sueños que la gente, como yo, quería comprar y por eso, como yo, habían ido al mercado de los sueños.
Fui caminando despacio, pero sin pararme, ajeno al resto de la gente, mirando de pasada los sueños de colores que se exhibían que para nada llamaban mi atención. No sabía que buscaba, ni que hacía allí ni si había sido una buena idea ir al mercado para volverme con las manos vacías como la última noche.
De repente mis ojos se posaron en un puesto, más chiquito que el resto. Nadie lo vigilaba. Un único objeto en él. Una caja de madera. Enseguida comprendí lo que había dentro. Sonriendo y cerrando los ojos la cogí.
La abrí...