Tiempos de soledad entre multitudes, tiempos de mentiras envueltas en papeles de colores, tiempos de luces artificiales en noches más artificiales aun.
Extraños tiempos, los que vivimos, en los que el tiempo no es robado por los hombres grises.
Otra vez desperté tiritando, con sudores fríos, con latidos en las sienes. Se repiten los sueños. Demasiado. Ansiando otra vida, quizás.
Fui el único que escuchó los gritos de mis pesadillas.
Completamente aislado en esta celda, perdida la cuenta de los días, tan solo me queda escribir para no volverme loco y esperar el día que mis verdugos me quiten estas cadenas.
- ¿Hacia donde llevará ese camino? - No tengo ni idea.... yo también veo esa interrogación enorme ahí... - Solo hay una forma de saberlo entonces... - Si, pero que no se te olvide que lo mismo no se puede retroceder...
Apenas recuerdo nada anterior al momento en el que me dieron la libertad incondicional en el infierno, eso sí, sé que salí de allí con una media sonrisa en el rostro. Con el viento en la cara, con las ideas claras, sin prisa, pero sin retroceder.
("Las marcas de azufre en tus pisadas te delatan", me susurraste al oído).
Acabé aprendiendo una gran lección: las cadenas que yo mismo me ponga son más pesadas que las de hierro. Aunque tampoco es tan difícil dar una patada y derribar muros. Después de vivir en el infierno, ahora es pan comido. Eso es lo que intenté decirte.
("Eso sólo te destruirá a ti, y me hundirás a mí contigo", gritaste con ira tantas veces...).
Tu mano izquierda jugando con el borde del vaso ancho, perdida la cuenta de los whiskys en lo que va de noche, mientras tu derecha sujeta instintivamente el cigarrillo. Vas más maquillada que otras veces. En tus ojos atisbo una sospecha del motivo. Se va llenando de humo el bar. La música hace rato que dejó de importarnos.
Me quedo callado, mirándote, mirando tus ojos, mientras das otra calada al cigarro.
Sin mirarme siquiera, mientras echabas el humo, dijiste:
- ¿Sabes? Esto nunca me había sucedido a mí. Lo veía en otras pero no lo entendía. Pero contigo es la segunda vez que me pasa. Eres un hijo de puta, y lo sabes, aunque no lo puedas evitar...
Ponga olas de mar que acaricien la arena, suave brisa que calme el dolor De esta noche, esta puta noche. Huela el sudor de tu cuerpo en las noche de magia, al aroma del sol tatuado en tu vientre, y me olvide de ¡esta puta noche!