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Extraños tiempos, los que vivimos.
Tiempos de soledad entre multitudes, tiempos de mentiras envueltas en papeles de colores, tiempos de luces artificiales en noches más artificiales aun.
Extraños tiempos, los que vivimos, en los que el tiempo no es robado por los hombres grises.
En estos tiempos, en la televisión, abundan series de maderos. Por todos los lados, persiguiendo incansablemente al enemigo de la paz.
Pero miro a mi alrededor extrañado. Ahí en la tele, los telemaderos, la encarnación del bien, no se comportan como los que veo. No apalean al indefenso, no violan en sus comisarías, no extorsionan a los vecinos, ni se dedican al consumo gratuito de farlopa ni hachís, por la buena voluntad de las gentes. No protegen a neonazis en las calles, no insultan al rojo, ninguno es homófobo, ni racista, ni siquiera se censura a los que no piensan como el comisario.
Algo falla en mi televisión, quizás se ha debido estropear...
Otra vez desperté tiritando, con sudores fríos, con latidos en las sienes. Se repiten los sueños. Demasiado. Ansiando otra vida, quizás.
Fui el único que escuchó los gritos de mis pesadillas.
Completamente aislado en esta celda, perdida la cuenta de los días, tan solo me queda escribir para no volverme loco y esperar el día que mis verdugos me quiten estas cadenas.