Cuando llovía, no solía coger ningún paraguas.
Además, el paraguas sólo nos protege de la lluvia...

Pero no me protege de tus silencios.
Ni de tus miradas de desprecio lanzadas como piedras contra cristales.
Ni de tus no-miradas de indiferencia.
Ni de tus mentiras...
También llueve detrás de los cristales.
También llueve detrás de los cristales.
1 comentario:
Tienes una prosa poética muy bonita, Txiki. Me gusta.
Publicar un comentario