Salgo del curro. Joder, que día más largo. Espero llegar a casa lo antes posible...
Un tipejo, ropa veraniega y gorilla hortera, con pinta de turista ciego que ha venido a ver toros, sonríe el cerdo, contemplando un cartel de la extrema derecha convocando una manifestación, sonrisa orgullosa de su puta patria y de tan dignos sucesores. Metros más adelante, en un paso de cebra esperando para cruzar, una chiquilla de no más de 6 o 7 años, se dirige gritando a su mamá, pareciendo más adulta que niña: 'No me trates como si fuera idiota'. Su madre, en gesto infantil se tapa los oídos, y le dice a su hija en voz muy alta: 'Hasta que no te calmes, no te escuchooooo'. Cuando cumpla 16 años, por su bien, espero que la chiquilla se haya ido de casa.
No soporto esta zona. Hago 3 minutos andando del metro al trabajo, y camino inverso, y me enferma. Acelero el paso en cuanto me lo permite el semaforo y entro a toda prisa en el metro.
En el vagón, a pesar de estar bastante vacío, se suceden los empujones por entrar el primero. Me aparto y entro en el grupo de los rezagados. Entre los que nos toca estar de pie se encuentra una muchacha extranjera que está embarazada, y a la que nadie le cede el asiento que le corresponde. No se oye ni pío en el vagón. Silencio sepulcral sólo roto por el ruido del metro en su avance. Hace un calor de la hostia y no hay aire acondicionado. Bajo del metro tras dos transbordos y demasiados empujones. Caminata hacia la parada del bus. El bus tan puntual como siempre. Su hora y no está. Después de una eternidad llega.
Pienso en lo que me queda por aguantar, si es que queda algo. Detrás mía, dos jovenes, a gritos, hablan del inminente partido del siglo: que como ganen lo van a celebrar a lo grande. Yo también lo haría, me emborracharía como un animal por tal de no escuchar vuestros berridos. Al rato se sube una chavala, con cubos de maquillaje en su cara: una pija en un barrio de mierda, una ciudad dormitorio de las afueras. Nunca lo entenderé. Habla por el móvil a gritos, como si tuviese que hablar con su amiga por la ventana de su casa. Intenta convencerla (me entero yo y el resto de pasajeros del bus) que la acompañe de compras, que con su novio El Cristian (sí, con artículo) se aburre. Cuando cuelga dejan de dolerme los oídos. Ella indiferente a los berridos que ha soltado, saca una revista de colores chillones mientras masca chicle con la mirada perdida.
Rezo por primera vez en mi vida para que no haya un atasco como todos los días, para que el autobus llegue a mi parada antes de que vomite del asko.
miércoles, 29 de agosto de 2007
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2 comentarios:
A veces la vida es una dura jungla, jajajajaja!!!
ajajajaja txikiii...(aaaaa)
me gusta mucho este texto...ke bueno ke lo has puesto en este blog!
kizas puede ser bastante simple, pero de los textos ke has escrito es uno de los ke mas me gusta...
despues de todo en la cotidianidad esta lo trascendente.
un abrazo! (coco)
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