miércoles, 5 de septiembre de 2007

Ideas inconexas XVI

¿Por qué son más dolorosos tus silencios que tus mentiras?
¿Por qué preferimos fingirnos que decirnos punzantes verdades?
¿Por qué ese empeño en ocultarnos si ya conocemos nuestras máscaras?



¿Tanta importancia tiene las palabras verdad y mentira,
o solamente, es que les otorgamos más de la que tienen?

¿Me concedes este último baile?

1 comentario:

Anónimo dijo...

A veces la verdad duele demasiado, pero por otra parte, siempre acaba saliendo a la luz. Y es mejor enterarse de esa verdad a través de la persona que toca, que a través de terceros. Aunque no siempre es fácil, porque siempre queda la esperanza de que esa verdad no se sepa nunca. Es complicado.