domingo, 27 de abril de 2008

Nueva vida

M. tuvo razón hasta en esto. Esta noche comenzará una nueva vida para mí, y él me vaticinó hasta cuales serían mis últimos pensamientos, ya que él también pasó por esto: el día siguiente, mi padre leyendo el periódico, palideciendo, mi madre silenciosa tras recibir la noticia, y tú simplemente diciendo "lo sabía, gilipollas, que acabarías así"... Hacia ti fueron la mayor parte de los pensamientos en estas noches de insomnio, mientras estudiaba la acción una y otra vez, repasando mentalmente cada paso y cada decisión que debería tomar...

Esta misma tarde recibí la esperada llamada de M. indicándome que hoy era el día. Estaba cabeceando en el sofá tras la tercera noche sin dormir en este piso de alquiler, más solo que la una, en una ciudad extraña que solo conocía como turista, y aunque sabía perfectamente quién era, ya que sólo él conoce mi verdadero paradero, me sobresalté al oír el teléfono. Apunté la dirección y la hora. Llamé a mi madre para decirle que las (falsas) vacaciones transcurrían sin ningún incidente. Supongo que tú te habrías informado de que era el momento al no contestar tus llamadas. Según avanzaba la tarde, comenzaron las dudas, como me dijeron que sucedería. "Con esto no se conseguiría nada, aunque fuese un verdadero hijo de puta", "Es un de los mayores responsables, no podemos permanecer con los brazos cruzados", "Y si ..."... Tras esto, se conocería mi nombre en la prensa de todo el país, y a mí, solo podría esperarme o la cárcel o una vida de fugitivo, alejado de ti. Aunque creamos en lo mismo, siempre discrepamos de las formas. Supongo que intuiste en lo que me estaba convirtiendo poco a poco, aun así estuviste siempre ahí. Creo que no podré agradecértelo nunca.

Sin cenar fui al lugar señalado. Me tomé una café para hacer tiempo, y a la vez, intentar entrar un poco en calor. Dichoso frío hace en esta maldita ciudad. Caminé rápido por la amplia avenida, con el cuello de la chaqueta levantado, y me metí en una cabina telefónica cercana al restaurante. Dudé en llamarte. En ese momento se abrió la puerta del restaurante. Le abrieron la puerta (ni eso quiere hacer solo, el muy cabrón), y salió con su mujer caminando los pocos metros que le separaban del coche. Aceleré el paso. Nadie sospechaba de mí en este momento, aunque los nervios aumentaban. ¡Cualquiera que me viese debería sospechar! Caminé pegado a la acera, frente a él. Según abría la puerta del coche, levantó la vista intuyendo a alguien cerca. No acertó a decir nada cuando vio sacar la pistola de mi bolsillo y apretar el gatillo....

3 comentarios:

panterablanca dijo...

Hay vidas que mejor no estrenarlas.
Besos voraces.

Elena dijo...

Todos conocemos dónde está nuestro límite, y qué nos jugamos al pasarlo. ¿Alguna vez habeis cruzado vuestro límite...?

Martixx dijo...

Tiempo sin venir por aquí....oye, esta entrada es influencia de tu primo no?? (deja ya de ponerlas a huevo jajajaja)