- ¿Hacia donde llevará ese camino? - No tengo ni idea.... yo también veo esa interrogación enorme ahí... - Solo hay una forma de saberlo entonces... - Si, pero que no se te olvide que lo mismo no se puede retroceder...
Apenas recuerdo nada anterior al momento en el que me dieron la libertad incondicional en el infierno, eso sí, sé que salí de allí con una media sonrisa en el rostro. Con el viento en la cara, con las ideas claras, sin prisa, pero sin retroceder.
("Las marcas de azufre en tus pisadas te delatan", me susurraste al oído).
Acabé aprendiendo una gran lección: las cadenas que yo mismo me ponga son más pesadas que las de hierro. Aunque tampoco es tan difícil dar una patada y derribar muros. Después de vivir en el infierno, ahora es pan comido. Eso es lo que intenté decirte.
("Eso sólo te destruirá a ti, y me hundirás a mí contigo", gritaste con ira tantas veces...).
Aún no ha amanecido del todo, y hace un frío que pela. El sol les comienza a deslumbrar cuando llegan a la calle principal de la ciudad que buscaban. Cogidos de la mano, caminan cada vez un poco más despacio. Nunca existieron los relojes para ellos. -Somos el blanco de todas las miradas de esta puta ciudad que comienza a despertarse, querida. -Dos sombras en un mundo de blanca luz...
Ropas de colores chillones y desgastadas, cubiertas de polvo, destacan demasiado. Era de suponer. En medio de las bonitas casas, las felices familias y los lujosos coches, la aparición de dos locos, dos forasteros, uno con sombrero de copa, y una con falda corta, medias y botas, caras pintadas ambos, supuso un gran imprevisto en el perfecto domingo recién estrenado.
-Esta gente que nos mira desde sus jardines debe aprender la lección, querido. -Para eso hemos venido. Además, cuánto antes la aprendan mejor. Mejor para el mundo. -Y debemos comenzar ya con nuestra misión. Manos a la obra....
Ponga olas de mar que acaricien la arena, suave brisa que calme el dolor De esta noche, esta puta noche. Huela el sudor de tu cuerpo en las noche de magia, al aroma del sol tatuado en tu vientre, y me olvide de ¡esta puta noche!