viernes, 31 de agosto de 2007

Ideas inconexas XII

Placentera sensación caminar sin viento bajo la llovizna.
Cuando llovía, no solía coger ningún paraguas.
Además, el paraguas sólo nos protege de la lluvia...


Pero no me protege de tus silencios.
Ni de tus miradas de desprecio lanzadas como piedras contra cristales.
Ni de tus no-miradas de indiferencia.
Ni de tus mentiras...

También llueve detrás de los cristales.


jueves, 30 de agosto de 2007

Ideas inconexas XI

reso por no comprenderte
Preso por no olvidarte
Preso por no saber lo q significaba esa mirada vacía



Preso por no saber salir de la celda que me impuse
Preso por no querer salir de la celda que me impusiste
Preso por no ver los barrotes dentro de mi
Preso por no rebelarme
Preso demasiado tiempo ...

PD: Deja de escribirme al módulo de aislamiento, voy a escaparme, aunque de momento no sepa como.Hoy la luz acaba de penetrar tras los barrotes...

miércoles, 29 de agosto de 2007

Un día más

Salgo del curro. Joder, que día más largo. Espero llegar a casa lo antes posible...

Un tipejo, ropa veraniega y gorilla hortera, con pinta de turista ciego que ha venido a ver toros, sonríe el cerdo, contemplando un cartel de la extrema derecha convocando una manifestación, sonrisa orgullosa de su puta patria y de tan dignos sucesores. Metros más adelante, en un paso de cebra esperando para cruzar, una chiquilla de no más de 6 o 7 años, se dirige gritando a su mamá, pareciendo más adulta que niña: 'No me trates como si fuera idiota'. Su madre, en gesto infantil se tapa los oídos, y le dice a su hija en voz muy alta: 'Hasta que no te calmes, no te escuchooooo'. Cuando cumpla 16 años, por su bien, espero que la chiquilla se haya ido de casa.

No soporto esta zona. Hago 3 minutos andando del metro al trabajo, y camino inverso, y me enferma. Acelero el paso en cuanto me lo permite el semaforo y entro a toda prisa en el metro.

En el vagón, a pesar de estar bastante vacío, se suceden los empujones por entrar el primero. Me aparto y entro en el grupo de los rezagados. Entre los que nos toca estar de pie se encuentra una muchacha extranjera que está embarazada, y a la que nadie le cede el asiento que le corresponde. No se oye ni pío en el vagón. Silencio sepulcral sólo roto por el ruido del metro en su avance. Hace un calor de la hostia y no hay aire acondicionado. Bajo del metro tras dos transbordos y demasiados empujones. Caminata hacia la parada del bus. El bus tan puntual como siempre. Su hora y no está. Después de una eternidad llega.

Pienso en lo que me queda por aguantar, si es que queda algo. Detrás mía, dos jovenes, a gritos, hablan del inminente partido del siglo: que como ganen lo van a celebrar a lo grande. Yo también lo haría, me emborracharía como un animal por tal de no escuchar vuestros berridos. Al rato se sube una chavala, con cubos de maquillaje en su cara: una pija en un barrio de mierda, una ciudad dormitorio de las afueras. Nunca lo entenderé. Habla por el móvil a gritos, como si tuviese que hablar con su amiga por la ventana de su casa. Intenta convencerla (me entero yo y el resto de pasajeros del bus) que la acompañe de compras, que con su novio El Cristian (sí, con artículo) se aburre. Cuando cuelga dejan de dolerme los oídos. Ella indiferente a los berridos que ha soltado, saca una revista de colores chillones mientras masca chicle con la mirada perdida.

Rezo por primera vez en mi vida para que no haya un atasco como todos los días, para que el autobus llegue a mi parada antes de que vomite del asko.

martes, 28 de agosto de 2007

Ideas inconexas X

Tampoco creí nunca ni en el destino, ni en el futuro. Pero esta vez, parece que todas las voces coinciden: los susurros ahora son gritos en el interior de mi cabeza. Y las mismas palabras. Ya sean los astros, el zodiaco, la bola de cristal o los posos del café. Todos coinciden. Me repiten las mismas palabras. Una y otra vez. El futuro echado, y el camino señalado. Y se repite el mismo grito:

Tu futuro está lejos de mí
Mi futuro está lejos de ti.

No quiero luchar contra este destino. La X del titulo no tiene solución.

lunes, 27 de agosto de 2007

Ideas inconexas IX

Nunca me ha gustado el juego. Ni las apuestas. Pero ahora da igual el porqué me encuentro jugando esta puta partida. Partida en la que empecé como terminaré: perdiendo. Otra mano inútil, ninguna jugada que lleve a la gloria.

Ni falta que hace, la esperanza no será una buena mano, mejor llevar cuatro ases y dejarse de una vez por todas de esperanzas y cuentos chinos. Dame otras cinco, esta jugada lo tiraré a las llamas... Tampoco voy esta vez... ¿¿Para qué seguir jugando?? No quiero seguir siendo el triste protagonista de esta historia. ¿¿Lo mejor será rendirse y pagar el precio de la derrota??

Bakardadea, iluntasuna, tristezia, ondoeza, histura, ....
in-komunikazio osoa...

domingo, 26 de agosto de 2007

Sueño IV

Otro viaje al mercado de los sueños. Esta vez no era un supermercado, gris y frío. Era en plena calle. Un mercadillo, vistosos colores. Griterío. Bullicio...

Esta noche no kería comprar palabras que permitan dormir como en mi ultima visita, que permitan mirarte sin que mi mirada se pierda en el vacío. Había ido a comprar un sueño. Me sorprendí vestido de gris. Nunca visto de gris. Pero allí todo el mundo vestía de gris. Sólo en los tenderetes se veían colores, los sueños que la gente, como yo, quería comprar y por eso, como yo, habían ido al mercado de los sueños.

Fui caminando despacio, pero sin pararme, ajeno al resto de la gente, mirando de pasada los sueños de colores que se exhibían que para nada llamaban mi atención. No sabía que buscaba, ni que hacía allí ni si había sido una buena idea ir al mercado para volverme con las manos vacías como la última noche.

De repente mis ojos se posaron en un puesto, más chiquito que el resto. Nadie lo vigilaba. Un único objeto en él. Una caja de madera. Enseguida comprendí lo que había dentro. Sonriendo y cerrando los ojos la cogí.

La abrí...

sábado, 25 de agosto de 2007

Sueño III

Compras. El mercado de los sueños no llena de oro a los grandes ejecutivos. Fui al mercado a comprar palabras, que no es que estuvieran de oferta, sino que me hacían falta. El precio: tragar saliva, hiel en la garganta.
Altas estanterias cubiertas de polvo. Otro viaje realizado para nada: sigo sin encontrar esas malditas palabras. Sé que el tiempo hará subir su precio. No hay monedas en el mundo de los sueños, pero estas compras son demasiado necesarias...